No había cable, ni sikiera transmitieron en vivo ese partido, el partido, mi partido, nvestro partido, etc...Ese era el partido k mi generación de aliancistas esperaba con ansias, el partido k redimiría todos los años cantados en contra, allá en Talara en pleno dia de semana iban a ser once las almas k nos pondrían el pvlso a mil por hora dvrante noventa minvtos.
No había cable ni transmisión en vivo, habría k vsar la imaginación vna vez más, como cvando me ponía a pensar en cómo sería ese dia. Estaba frente a la radio como kien vvelve a ver a vn viejo conocido a escvchar todo lo k tiene por contar. Yo tenía veinte años y nada más. No tenía chamba, tampoco vniversidad, pero ya cargaba a vn hijo a los veinte. Yo tenía veinte años nada más y a mi hijo de seis meses en mis brazos dvrmiendo.
Yo tenía mi camiseta blankiazvl en el pecho caliente de emoción tras cada gol, y nada más. Y lo miraba como dormía ajeno a ese vniverso llamado fvtbol y a esta religión llamada Alianza. Gol. Gol. Gol. Gol. Goles en Talara. Gol en la selva. Como si fveran telegramas comvnicando k se rompió el maleficio, ke se acabó la joda.
"Dverme mi'jito, no te despiertes. Shhh...shhh..."
Cvánto pvede pensar vno en noventa minvtos, en lo ke fve, en lo k es, en lo k podría ser o nos gvstaría ke fvera, noventa minvtos para los k nos apasiona el fvtbol es la vida misma. Al final el desborde, enlaces a ras de cancha, llantos, cantos, gritos, abrazos. Y yo con mi silencio, con mi hijo entre brazos, él fve la primera persona k abracé para festejar el campeonato, el primer grone al k le dije al oído CAMPEONES CARAJO. En millones de casas la mitad más grande celebraba dejando la garganta afvera del cverpo, para mi el primer gritó fve en silencio. Yo sólo tenía mi camiseta en el pecho caliente y a mi pekeño entre brazos, y con la palabra campeón saliendo de mis labios ahora sí lo tenía todo.



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